¿De tal palo, Tal astilla? ¡¡Rompe el Molde!!

¿Te has cachado hablándole a tu hijo justo como odiabas que lo hicieran tus padres contigo?

Resulta que no solo heredamos los rasgos físicos de nuestros antepasados sino también sus chambas inconclusas.

Lógico no? No pueden enseñarnos lo que no saben. “No sé en qué momento me convertí en mi padre”, me decía Julio, horrorizado, al darse cuenta de que estaba “corrigiendo” a su hijo y, en general, relacionándose con éste justo como su padre lo hacía con él, a pesar de haber jurado nunca cometer aquellos mismos errores.

Nuestra naturaleza tiende a reproducir el patrón bajo el cual crecimos, al grado que, si no nos ponemos abusados, podemos sorprendernos igual que Julio. Freud la llamó “compulsión a la repetición”. Pero, ¿por qué sucede esto?

La Familia Sagrada y Perfecta

Hay un aparte de nosotros que se encarga de buscar ambientes que nos son familiares, por la simple y sencilla razón, de que como ya los conoce, se siente cómoda.

Si tuviste la fortuna de haber crecido en una familia sin conflictos, amorosa, con límites respetuosos y unos padres enamorados, despreocúpate. El problema es que, en la gran mayoría de los casos, estas familias existen solo en televisión, y su imagen hace muchos daño, debido a la expectativa que genera en la población respecto a su propia familia.

La realidad es otra, La gente está viva, sueña, piensa y aprende de forma única: lo normal es que haya rosas y fricciones. No hay familia sin conflictos. Los miembros pueden tenerlos de modo consciente o no pero ese es otro asunto.

Y, por supuesto, todo lo bonito de ese patrón se puede conservar, pero aquí nos estamos enfocando en lo que no queremos repetir. Y es en ese punto nos enfrentamos con un gran obstáculo, por que, desafortunadamente, lo más común es que las familias no sean consientes de su enfermedad.

Así se suele santificar a las cabezas y resulta, entonces dificilísimo que alguien reconozca algún daño inflingido por alguno de los padres. Lo típico es que la gravedad se minimice, justificando con un: “Bueno sí, mis papá me sobre protegieron, pero, aquí estoy; tampoco lo hicieron tan mal”.

Y es entonces cuando el discurso toma matices esquizoides del tipo: “Mis padres lo hicieron bien. Tuvieron sus fallas, pero en general, lo hicieron bien…”

Ah si?

entonces.. ¿por que no quieres repetir su fórmula con tus hijos?

El Sentido de la Compulsión

¿Acaso no son humanos nuestros padres? ¿Por qué no reconocer que cometieron errores, y

que estos provocaron terror, miedo, soledad, enojo, miedo, tristeza y/o frustración? No se trata de hacer un juicio en contra de ellos, porque seguramente hicieron la cosas bien, pero es importante identificar las heridas que nutren la repetición de un patrón, porque resulta que, contactar con esos sentimientos y experimentarlos a flor de piel, es lo que se requiere para dejarlos ir, para soltar todo aquello que no se pudo expresar en su momento, y digerirlo.

Líneas de trabajo familiar

Comienza a revisar con lupa tu historia, y de tu familia, padres, tíos, abuelos, bisabuelos, tíos abuelos… y busca el hilo en común. en cada familia hay líneas de trabajo. ¿Cuál es el talón de Aquiles de la tuya? Una vez que descubras de qué pata cojea tu estirpe, comienza a trabajar en tí para darle la vuelta a es patrón. Apóyate en alguna psicoterapia, si es lo que necesitas, no tienes por qué hacerlo tú solo. Te costará trabajo. No es poca cosa, pero valdrá la pena.

Sana tus heridas y aprende a relacionarte con tus hijos como te hubiera gustado que tu padres lo hicieran contigo.

Carla Pliego es autora y articulista en S1NGULAR


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